GLORIA en re mayor RV 589

Antonio Vivaldi

El Gloria en Re mayor RV. 589 (1715) se divide en doce movimientos que se distinguen unos de otros por la diversidad de los conjuntos instrumentales y vocales empleados y por su carácter musical muy diferenciado. La escritura brillante, el tono en re mayor, el timbre de los instrumentos de viento, compiten para subrayar la glorificación mencionada en el texto.

Siguiendo sus propios hábitos, tal como los ha aplicado en numerosas obras vocales, Vivaldi vuelve a tomar, al final de la composición, y al mismo tiempo que lo abrevia, el material musical del movimiento inicial de la obra: el undécimo movimiento, Quoniam tu solus Sanctus, está en esta forma derivada del Gloria in exelsis Deo. Por su parte, el segundo movimiento presenta un contraste sublime con ese esplendoroso principio: el tiempo es mas lento, la tonalidad en si menor y el carácter general de la escritura son más sombríos y más expresivos. A ese movimiento le sigue un dúo de las voces solistas, acompañadas por la orquesta de cuerdas. En los temas de este Allegro en Sol mayor, en sus ritmos acentuados, en su forma, se reconocen numerosos elementos del estilo instrumental vivaldiano. El cuarto y quinto movimientos contrastan entre sí ya que el cuarto es un coral a cuatro voces en dos frases bien definidas en movimiento lento y el quinto es un poderoso contrapunto barroco donde la sucesión del tema se va alternando claramente entre las cuatro cuerdas del coro. El texto de los dos movimientos es una sola frase litúrgica: Gratias Agimus Tibi, Propter Magnam Gloriam (por tu inmensa Gloria te damos gracias). Más adelante, en el sexto movimiento, el texto Domine Deus, Rex Coelestis es cantado por la soprano solista que alterna con un oboe, con acompañamiento del bajo continuo. El séptimo movimiento Domine Fili Unigenite es uno de los temas favoritos del repertorio coral por su fuerza y alegría, la orquesta de cuerdas marca el tema que continúa y desarrolla el coro acompañado por ésta y que nuevamente al final lo retoma y concluye con los mismos compases de la introducción. Entre los movimientos particularmente notables de esta obra, se debe citar él magnifico Domine Deus, Agnus Dei, octavo movimiento, en Re menor. El solemne principio confiado únicamente al bajo continuo, introduce una larga sección en la que alternan la contralto y el coro; el movimiento concluye con la repetición íntegra de los compases iniciales. En el último movimiento de la obra, la doble fuga Cum Sancto Spiritu, nos encontramos de nuevo con algunas variantes del otro Gloria (el RV 588), pero parece no ser una composición original suya. La substancia musical se remonta, en efecto, al último movimiento del Gloria para doble coro compuesto en 1708 por G. M. Ruggieri. Hay que hacer notar aquí que las transformaciones más o menos radicales de los textos musicales de otro compositor eran extremadamente frecuentes en esa época; es más, el que un compositor tomará algo de una obra ajena era un reconocimiento a la calidad de la obra copiada y un homenaje a su autor.