LA MÚSICA RELIGIOSA ESCRITA POR MOZART
Casi la totalidad de la producción sacra fue compuesta por Mozart durante el periodo comprendido entre los años 1765 y 1780-81, es decir, mientras el músico estuvo al servicio del príncipe-arzobispo de Salzburgo. A partir de 1781, el Mozart maduro y libre, instalado en Viena, no producirá más que tres obras religiosas: la monumental e inacabada Gran misa en do menor, KV 427 (1783) y, en el último año de su vida (1791), el motete Ave verum, KV 618 y el Requiem, KV 626.
Las obras religiosas escritas por Mozart son: 19 misas; 34 pequeñas composiciones sacras (motetes, ofertorios, kyries, salmos, antífonas); 4 letanías; 2 vísperas; 2 magníficat y diversos oratorios; cantatas entre las que se incluyen las obras compuestas para la masonería, aunque son "religiosas" en el sentido más estricto; y un singspiel (comedia musical) sacro.
En lo que hace referencia a las misas cabe diferenciar entre las breves y las misas mayores o solemnes. Entre las primeras destacan la Missa brevis en sol mayor, KV 49, compuesta a los 12 años, la Missa brevis en re menor, KV 65, escrita para la Cuaresma de 1769, la Missa brevis, KV 220 o "Misa de los gorriones", la Missa brevis en do mayor, KV 258 ("Misa Spaur") y la Missa brevis en do mayor, KV 259 ("Misa del solo de órgano"). Entre las misas mayores o solemnes merecen especial interés la ya citada Gran misa en do menor, KV 427, la Missa solemnis en do mayor-menor, KV 139, llamada "Misa del Orfanato" y compuesta en Viena a los 12 años de edad, la Missa Dominicus, KV 66, de 1769, la Missa Trinitatis, KV 167 (1773), la Missa solemnis, KV 337 y la Misa de la coronación, KV 317 (Krönungsmesse).
Entre las pequeñas obras sacras destacan por su interés el ofertorio Inter natos mulierum, KV 72 (1771), el motete Exultate, jubilate, KV 165, para voz de soprano y que incluye un popularísimo aleluya final, el ofertorio Venite populi, KV 260, el gradual Sancta Maria, KV 273, el oratorio Betulia liberata, KV 118, las Vísperas solemnes de un confesor, KV 339, con el maravilloso solo para soprano "Laudate Dominum", acompañado de coro, el Kyrie en re menor, KV 341, y el archiconocido motete Ave verum, KV 618, en el que Mozart expresa de forma magistral la angustia y la tristeza de la crucifixión de Cristo.
Por último destacar su obra póstuma e inconclusa, el ya citado Requiem en re menor, KV 626, en el que la crítica y la tradición creen ver una especie de testamento espiritual del maestro.

LA MISA DE LA CORONACIÓN
Según una difundida tradición, la Misa de la coronación (Krönungsmesse), KV 317, fue compuesta para la conmemoración mariana del santuario de Maria Plain, situado en los alrededores de Salzburgo. Sin embargo, estudios posteriores (Karl Pfannhauser, 1963) certifican que la misa recibió ese nombre porque fue interpretada en alguna de las ceremonias de coronación que tuvieron lugar en Praga, bien fuera la del emperador Leopoldo II ( a primeros de septiembre de 1791) o más probablemente en la coronación como emperador de Austria de su sucesor Francisco I, en agosto de 1792.
Fechada en marzo de 1779, se nos muestra como una obra evolucionada y brillante, de orquestación eminentemente sinfónica y llena de mórbidas y bellas melodías. Especial referencia merece el Agnus Dei, que reaparecerá años más tarde en el aria "Dove sono", cantada por la Contessa di Almaviva en Las Bodas de Fígaro (1785-86), hecho que ha dado pábulo a numerosas especulaciones destinadas a considerar las obras religiosas de Mozart como eminentemente operísticas. El deseo de unidad y cohesión interna aparece explícito en el hecho de que Mozart emplee el mismo tema del Kyrie inicial para las palabras finales del texto litúrgico "Dona nobis pacem".
La misa está en la tonalidad de do mayor y escrita para solistas (soprano, alto, tenor y bajo), coro (SATB), órgano y orquesta: 2 oboes, 2 trompas, 2 trompetas, 3 trombones, timbales, violines I-II y bajos (violonchelos, contrabajos y fagotes).
El Kyrie empieza sin preámbulo orquestal, con el Andante maestoso. Mozart obedece, pues, al precepto de la economía y construye un digno pórtico a través de la triple llamada. Tras los solemnes interludios de ritmo punteado, los solistas, desviándose hacia la tonalidad menor, entonan el Christe eleison. De modo análogo se inicia el Gloria. Mozart reparte el texto entre las partes solistas desde Domine Deus. Más adelante recurre a una especie de estilo de motete (Miserere, Suscipe) con breves imitaciones previas. Tu solus Altissimus impone a la soprano las notas más agudas; Jesu Christe las más graves. Esto, como también el fugato que empieza con los solos pertenece al vocabulario tradicional de la exégesis.
El Credo se interpretaba después de la prédica, con un preludio orquestal de sólo cuatro compases y la declamación homófona de las sílabas. Vigorosos acentos forte-piano subrayan las palabras Dominum Jesum Christum, lineas descendentes describen el Descendit de caelis y Et incarnatus est. Sigue el Crucifixus con contaminaciones armónicas, y un vacilante Et sepultus est. Et resurrexit refleja la Resurrección y Et unam sanctam ecclesiam se aferra al Do mayor, que es la tónica de la Misa. Es a más tardar en este punto donde cabe preguntarse si Mozart se limita a aplicar el vocabulario tradicional, si no piensa en otra cosa que en cumplir estrictamente el encargo recibido, si desea congraciarse con el arzobispo o si quiere expresar tal Credo in unum Deum reiterando las palabras iniciales.
El Sanctus es conciso; la mención del Cielo (in excelsis) induce a Mozart a componer extensas modulaciones cantadas sin texto. El Benedictus, que forma parte en realidad del Hosanna, fue separado de éste y musicalizado tras su conversión, mientras se continuaba rezando el misal en silencio. El compositor tuvo aquí más tiempo disponible. Mozart empieza por escribir el preludio para cuerdas, de ocho compases, y una parte expresiva para solistas. También se toma su tiempo con el Agnus Dei, inventando un aria para soprano, muy intimista, que guarda similitud con Dove sono i bei momenti de "Las Bodas de Fígaro". A partir de allí empieza el Dona nobis pacem con un préstamo del Kyrie. Llama la atención asimismo el anhelo de paz por su extensión y su insistencia; dada la escasez de tiempo resulta éste otro recurso para estabilizar el contexto formal de la misa en su conjunto.