
REQUIEM
Op.
48
Contrariamente
a la creencia popular, la muerte del padre de Fauré en 1885 no tuvo nada que
ver con el inicio de la composición del Requiem. Parece haber sido la
muerte de su madre la víspera de año nuevo, la que le llevó a completar el
Agnus Dei, Sanctus e In Paradisum en 1887. La idea original fue un modesto
Requiem de cinco movimientos para su propio coro (con un joven sopranista en el
solo del Pie Jesu) y una pequeña orquesta de viola, chelos, bajos, arpa, timbal
y órgano continuo (con un etéreo solo de violín en el Sanctus). Este
primer Requiem fue representado para un servicio funerario de primera
clase para Joseph Le Soufaché en la Iglesia de la Magdalena el 16 de enero de
1888. Sólo después decidió Fauré añadir un barítono solista e insertó el
Ofertorio.
A
pesar de que el Requiem de Fauré se interpreta frecuentemente en las
salas de conciertos, fue concebido para uso litúrgico. La palabra Requiem
tiene una considerable prominencia en toda la obra, menos en el Ofertorio y el
Sanctus, siendo apropiadamente usada para el comienzo y el final de la composición.
Abundan los pasajes memorables en el Requiem de Fauré y lo sitúan aparte de otras músicas religiosas que tienden hacia lo romántico y sentimental. Gran parte del interés melódico radica en la orquesta desde las elevadas líneas de la cuerda en la segunda parte del Introito y del Agnus Dei, hasta el bellísimo y suave violín obligado en el Sanctus y en el inolvidable tema del órgano en In Paradisum.